Ivic promueve el uso del documental como herramienta de investigación social

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Existen muchas formas de narrar historias, pero una sobresale por su realismo, actualidad y naturaleza reflexiva. El documental es un producto audiovisual que cada día cobra fuerza debido a su capacidad para contar hechos con autenticidad y criterio informativo, siendo ideal para exponer fenómenos sociales excluidos de la opinión pública.

Soy un defensor de este género cinematográfico porque creo que es el más discriminado del cine, donde siempre se privilegia a la ficción. Para mí, el documental es un pretexto para conocer y andar en la vida, no es tanto el fin sino la forma para reflejar nuestros problemas”, explicó el realizador mexicano Alejandro Ramírez Anderson, director, productor y guionista del documentalCanción de barrio, presentado recientemente en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic).

La película documental, de 80 minutos de duración, tomó como excusa los dos primeros años de la llamada “gira interminable” de conciertos iniciada en 2010 por el cantautor Silvio Rodríguez, para adentrarse en la cotidianidad de 34 de los barrios más humildes, vulnerables y pobres de La Habana, Cuba, donde reside Ramírez desde hace tres décadas.

De acuerdo con el sociólogo adscrito al Centro de Estudio de Transformaciones Sociales, Ciencia y Conocimientos (Cetscc) del Ivic, Francisco Javier Ruiz, un documental como Canción de barrio es importante por varias razones.

En primer lugar, es útil como mecanismo de divulgación y socialización de los resultados de las investigaciones alternativo al de la ciencia tradicional, consistente en la mayoría de los casos en la publicación de artículos especializados en revistas internacionales en inglés. En segundo lugar, sirve para “obtener información a través de las entrevistas que se hacen y de las visitas a los lugares donde habitan las comunidades”, informó Ruiz.

Estrenado en el 2014 en el Cine Charles Chaplin de la capital cubana, el filme centra su atención en los grupos humanos y sus entornos. La película sitúa en primer plano las necesidades más apremiantes de las personas, utilizando la música del famoso trovador cubano como hilo conductor.

El documental no es sobre Silvio Rodríguez, es sobre cómo la gente está enfrentando el día a día, aspectos pocos conocidos inclusive para los cubanos. Se ve una pobreza de carencias materiales, no así de espiritualidad, a diferencia de lo que se observa en otros lugares”, aclaró el cineasta.

En primera persona

Numerosos testimonios conforman esta conmovedora pieza audiovisual cuyos protagonistas son sobrevivientes: del tiempo, de la desidia y de sus propios paisanos. Hablan de sus problemas con franqueza frente a la cámara, pero con la esperanza de ver solucionadas sus penurias.

Para el profesional asociado a la investigación del Laboratorio de Bioética y Biopolítica del Cetscc del Ivic, Francisco Javier Ruiz, el documental de Alejandro Ramírez Anderson rompe eficientemente el mito de una Cuba completamente aislada, “encerrada en sí misma, que no permite la diferencia de opiniones con respecto a la dirigencia política de ese país. La gente pudo expresar sus denuncias, sus molestias y sus demandas al Estado para la cobertura de las principales carencias”, explicó Ruiz.

A su juicio, el género documental constituye una poderosa herramienta de transformación y emancipación, “que es parte imprescindible de lo que queremos proponer en nuestras investigaciones en ciencias sociales y humanidades”, dijo.

En cambio, según el director de cine egresado del Instituto Superior de Artes de La Habana, Alejandro Ramírez Anderson, sería muy pretencioso creer que los documentales pueden llegar a cambiar toda la realidad.

Pensar que es un ente transformador es difícil. Nuestro trabajo es sensibilizar a los decisores, pero también es hacer reflexionar a la gente, porque la responsabilidad de que las personas estén en el estado en el que están es de todos, incluyéndolos a ellos mismos”, insistió.

Desde el Cetscc del Ivic se está produciendo un largometraje documental de 90 minutos con el apoyo de la Fundación Villa del Cine, en el cual se proyectarán espacios e interrelaciones urbanas poco conocidas de la Gran Caracas. La investigación está a cargo del trabajador social del Cetscc del Ivic, Luther Rodríguez.

Entre los espacios caraqueños incluidos en la cinta se encuentran las comunas El Onoto en Caricuao, La Veguita en Macarao, Santa Rosa en el 23 de Enero, El 70 en El Valle, los Campamentos de Pioneros Movimiento de Pobladores de las parroquias El Paraíso (“Eulalia Buroz”) y Catedral (“Mujeres Vencedoras”), y los urbanismos de la Gran Misión Vivienda Venezuela en Ciudad Tiuna y Ciudad Caribia.

La iniciativa audiovisual forma parte del proyecto Constitución, elaboración e implementación de un espacio público participativo en la Venezuela del siglo XXI, coordinado por la jefa del Cetscc del Ivic, Ximena González Broquen, y cuyo estreno está previsto para este año 2016.

Creado po Vanessa Ortiz-IVIC

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